1373553702335A lo largo de tiempo hemos ido viendo cómo ha habido una evolución para cuantificar la intensidad de los entrenamientos, usándose indicadores como distancia, tiempo, velocidad, cadencia y más recientemente la frecuencia cardiaca y la potencia.

 

Con la llegada del pulsómetro se obtuvo un salto cualitativo en la cuantificación de la intensidad de la carga, ya que nos permitieron entrenar en función a una respuesta fisiológica, los latidos del corazón y por consiguiente, el gasto cardiaco. Cada deportista tiene la posibilidad de determinar su umbral anaeróbico y a partir de ahí obtener las distintas zonas de entrenamiento.

La posterior irrupción de los potenciómetros en los últimos años ha supuesto un nuevo salto en la cuantificación de la intensidad, ya que estamos ante un estímulo de entrenamiento óptimo para el deportista. He aquí la primera diferencia que podemos encontrar entre la potencia y la frecuencia cardiaca. Mientras que la primera es un estímulo externo, la segunda es una respuesta fisiológica y por lo tanto es interna. Como tal, está influida por muchos factores como la temperatura, la deshidratación, estrés, ansiedad etc. Esto provoca que nuestra planificación del entrenamiento por zonas pueda verse afectada por todos esos factores. Otra diferencia que podemos encontrar es que la potencia es inmediata, (tantos watios en este mismo instante) mientras que la frecuencia cardiaca es retardada (por ejemplo, al realizar un esfuerzo máximo no alcanzamos la frecuencia cardiaca máxima hasta unos segundos después de finalizar el esfuerzo). Por último, señalar que la frecuencia cardiaca es continua (aparece en todo momento en el entrenamiento) mientras que la potencia es fluctuante (pedaleamos, irrumpe la potencia. No pedaleamos, no hay.)

Como podemos observar, la potencia nos ofrece un abanico nuevo de posibilidades una vez que obtengamos nuestro Umbral de Potencia Funcional (UPF) y así prescribir y planificar nuestros entrenamientos por zonas de potencia. Además, nos va a permitir evaluar y controlar las cargas de entrenamiento con exactitud. Lo más importante, sin lugar a dudas es que es un predictor del rendimiento. Es capaz de determinar qué rendimiento vamos a obtener en una subida, en un test, entrenamiento etc. Y por ello, nos va a permitir regular el esfuerzo con mayor exactitud.

Visto todo lo anterior, hay que decir que entrenar por potencia no es la panacea pero si una manera de sacar el máximo rendimiento a nuestros entrenamientos. No por ello debemos desechar la frecuencia cardiaca sino que sirva de complemento y así poder combinar ESTÍMULO Y RESPUESTA. La frecuencia cardiaca nos da mucha información sobre nuestro estado físico y sobro todo para evaluar la fatiga. Así que, como conclusión diremos que cuanta más información manejemos sobre nuestros entrenamientos más rendimiento obtendremos y mejor planificaremos.